Netanyahu en Moscú para advertir a Putin de la fuerte presencia de Irán en Siria

Israel teme que Estados Unidos, su principal aliado global, esté dejando de prestar atención a Oriente Próximo ante el protagonismo que cobra la tensión con Corea del Norte, y por las tribulaciones internas de la Administración de Donald Trump.




Benjamín Netanyahu viaja este miércoles a Rusia para reunirse con el presidente Vladímir Putin en un intento de frenar “los crecientes intentos de Irán para reforzar su presencia militar en Siria”, según un comunicado difundido por el gabinete del primer ministro israelí.

Con una rápida visita a Moscú en el otoño de 2015, Netanyahu fue el primer líder regional en reconocer el cambio de paradigma que representó el despliegue militar ruso en auxilio del régimen de Bachar el Asad, que entonces parecía abocado a la derrota.

Tras el vuelco dado al conflicto, el jefe del Gobierno israelí pretende contar ahora con la complicidad de Putin para impedir que Irán —también aliado estratégico de Damasco— se haga con bases permanentes en territorio sirio y rearme con un arsenal moderno a la milicia chií de Hezbolá, con la que Israel ya libró una guerra en el sur de Líbano en 2006.

“La agresión iraní, que no ha cesado a pesar del acuerdo nuclear [de 2015] representa un problema no solo para Israel, sino también para las naciones de Oriente Próximo y para el mundo entero”, anticipó Netanyahu antes de viajar a Sochi, en la costa del mar Negro, en el que se presenta como su sexto encuentro con el presidente ruso en menos de dos años.

Dos envíos de Corea del Norte a la agencia siria que controla el programa de armas químicas han sido interceptados en el último semestre, según un informe de Naciones Unidas sobre las sanciones al régimen de Pyongyang al que ha tenido acceso la agencia Reuters.




La investigación, que ya ha sido presentada ante el Consejo de Seguridad, no precisa donde se produjeron los decomisos ni el contenido de los envíos. “Dos Estados miembros (de la ONU) bloquearon sendos transportes con destino a Siria, y un tercer país comunicó que las mercancías formaban parte de un contrato de la Corporación Minera de Desarrollo Comercial de Corea (KOMID)”, precisa el informe.

Las actividades de esta empresa norcoreana fueron prohibidas por el Consejo de Seguridad en 2009, cuando se detectó que exportaba equipos para misiles balísticos. El destino de los envíos era el Centro de Investigación y Estudios Científicos de Siria, órgano que supervisa desde hace cuatro décadas el programa de armas químicas del país árabe.




Siria aceptó destruir su arsenal prohibido en 2013 tras un acuerdo con Rusia y Estados Unidos, que impusieron ese desarme a consecuencia de un ataque con armas químicas contra un feudo de la oposición en las afueras de Damasco que causó al menos 280 muertos.

Aunque el Kremlin parece abordar la reunión como una iniciativa de mediación en el conflicto israelo-palestino, en la agenda oficial de Netanyahu solo se destaca la amenaza del despliegue iraní.

Fuentes oficiales han transmitido a la prensa local que el primer ministro pretende aportar pruebas proporcionadas por sus servicios de inteligencia para intentar convencer al mandatario ruso de que la creciente presencia militar de Irán en Siria solo contribuirá a desestabilizar el equilibrio de fuerzas en Oriente Próximo.

El Canal 2 de la televisión israelí difundió la semana pasada imágenes de satélite de una supuesta fábrica de misiles iraní en construcción en la ciudad de Baniyas, cerca de la costa mediterránea siria. Netanyahu viaja a Sochi acompañado por el director del Mosad (inteligencia exterior), Yosi Cohen, y otros altos responsables de seguridad.

El primer ministro ya había advertido a comienzos de este mes de que Israel “hará todo lo que sea necesario para proteger su seguridad frente al avance militar de Irán y sus aliados, y en particular de Hezbolá”.

En pleno retroceso de las fuerzas del Estado Islámico (ISIS, por sus siglas en inglés), que se ve acorralado en casi todos los frentes en Irak y Siria, y mientras las grandes potencias y los países vecinos se preparan ya para un escenario de posguerra, Israel teme que Teherán siga los pasos de Moscú y se asiente militarmente cerca de sus fronteras, en contrapartida por su decisivo respaldo bélico.




El jefe saliente de las Fuerzas Aéreas, el general Amir Ethel, ha confirmado al diario Haaretz que, a lo largo de los seis años de guerra en el vecino país árabe, Israel ha atacado casi en un centenar de ocasiones arsenales y convoyes de transporte con destino a Hezbolá.

Según mostraban el lunes las imágenes del canal chií libanés Al Mayadeen, Hezbolá ha comenzado a utilizar drones armados en sus operaciones contra el ISIS en la provincia de Qalamoun, en frontera entre Líbano y Siria, un paso militar que preocupa especialmente al Ejército de Israel.

Informes de inteligencia israelíes citados por el diario Yedioth Ahronoth aseguran que el general de la Guardia Revolucionaria iraní Qasem Soleimani se halla al frente de unos 18.000 combatientes chiíes procedentes de Irán, Líbano, Irak y Afganistán, que reciben todo tipo de suministros por vía aérea y marítima a cargo del Gobierno de Teherán.

Los vuelos operan de noche desde el aeropuerto internacional de Damasco para no ser detectados por los satélites y los barcos con contenedores enviados a los puertos de Mediterráneo suelen tiene apariencia civil, según las mismas fuentes del espionaje exterior israelí.

Unos 2.600 milicianos extranjeros chiíes han perdido la vida en Siria en más de seis años de guerra.




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