Refugiados: cristianos cuentan su experiencia al predicar a familias que viven en estaciones de tren

Los niños corren a su encuentro cuando los ven llegar. Piero Marinoni y su esposa Giovanna Genova los abrazan y comienzan a jugar con ellos.




Desde hace cuatro años van al menos tres veces por semana a la principal estación de trenes de Milán (Stazione Centrale Milano), llevando té y comida caliente para los inmigrantes y refugiados que viven en las inmediaciones, sin techo.

La pareja se conoció mientras se dedicaban al evangelismo, yendo de ciudad en ciudad con el ministerio Cristo la Respuesta. Desde hace 10 años están afincados en Milán. “Orábamos por dirección de Dios. Vivimos en la zona más rica de la ciudad (conserjes de un edificio vecino al llamado ‘cuadrilátero de la moda’) y nos preguntábamos qué hacíamos aquí”, relata Piero.

Repartiendo alimentos entre refugiados. Un día fueron a la estación central llevando botellas de agua y galletas para distribuir entre las personas sin hogar.

Encontraron a una familia de Siria, con varios niños, entre ellos una pequeña con un tumor. Preguntaron si podían orar por ella y los padres respondieron que sí.




Desde entonces van regularmente, llevando pasta o sopa, ropa, calzado, mantas. Sobre todo, empatía y mucho amor.  “Soy animador de fiestas profesional y también Giovanna tiene mucha habilidad para entretener a los niños, hacemos muchas cosas con ellos.

Estos niños tienen derecho a jugar y a reír”, afirma. A la labor de Piero y Giovanna se suman unos pocos voluntarios que, como ellos, son independientes, es decir que no cuentan con el respaldo de ninguna organización. “Hemos recibido algunos grupos de Alemania, Suiza e Inglaterra que vinieron a colaborar por corto tiempo.

Hay una iglesia que se encarga de hacer la pasta algunos días, pero en general la iglesia de Cristo en Italia no ve la tremenda oportunidad que Dios nos está dando con la llegada de tantas personas de países a los que es difícil llegar con el evangelio. Este es un motivo para unir a la iglesia con un propósito, mirando el mundo como Dios lo ve.

Dios ama a estas personas, debemos salir de las cuatro paredes e ir a ellos, prestarles ayuda, y que Dios nos de sabiduría para decir las palabras justas, a la persona justa, de la manera justa”, expresa Piero.

DESPUÉS DE LA PRIMERA OLA 

Entre 2013 y 2015 la estación de trenes estaba abarrotada de inmigrantes y refugiados. Las autoridades de la ciudad les llevaban comida, pero luego abrieron algunos centros de acogida y se desentendieron de quienes llegan a diario y viven en las inmediaciones. Se trata de personas que aspiran a llegar al norte de Europa.

Algunos tendrían la oportunidad de entrar a centros de refugiados pero no quieren hacerlos para que no los dejen en Italia, donde los servicios sociales son limitados y les será difícil encontrar trabajo.   Los niños agradecen tener momentos para jugar y divertirse.

“Ha habido momentos en que hemos tenido que llevar a alguna persona a casa por unos días, una mujer con niños o una muchacha sola, por ejemplo. No somos los únicos. Hemos conocido a una anciana alemana que brinda alojamiento a refugiados sirios, iraníes…”, comenta Piero.

Nunca falta quien los acompañe para llevar la comida que ellos mismos costean. “Dios provee, cuando no viene uno viene otro. A veces son musulmanes los que nos ayudan y les decimos: ¿Oramos antes de repartir la comida? Y ellos oran con nosotros”.   




CÓMO AYUDAR

Sabiendo que este reportaje llegará a miles de personas, surge la pregunta: Si alguien quiere ayudar, ¿cómo puede hacerlo?  Piero responde: “La primera cosa es orar. La segunda, ir, venir con nosotros. Algunos dicen: es que yo no tengo el llamado. Esto es un error, todos tenemos el llamado y la Biblia está llena de casos de personas a quienes Dios encomendó algo para lo que se sentían insuficientes.

Por medio de ellos, Dios ha hecho cosas que eran imposibles. El escritor cristiano T. Austin Spacks llama ‘punto cero’ al momento donde terminan nuestras capacidades y Dios comienza a moverse”.

La ayuda genera vínculos de amistad. El ambiente en los alrededores de Stazzione Centrale no es fácil, a veces está revolucionado, hay hechos de violencia. “Nos preguntan si es peligroso ir allí.

Yo digo que sí puede ser peligroso, pero el llamado del Señor es ‘Id’, y no ‘id si no es peligroso’. Soñamos con más creyentes con visión de ayudar a esta masa oceánica que está llegando; gente que se libre de preconceptos”, enfatiza Piero mientras Giovanna cuela en un termo de 10 litros el té aromatizado con clavo de olor.

“Les encanta”, comenta ella sonriendo.

LLAMADO A LA IGLESIA

Marinoni hace énfasis en que “la iglesia no está viendo lo que sucede. La iglesia debe responder a esta situación y ser sal y luz, hacer la diferencia. Cada congregación está muy envuelta en actividades, pero la prioridad en la Biblia es otra: el pobre, el huérfano, la viuda, el extranjero”.

Piero y Giovanna, misioneros en Milán. El trabajo con refugiados requiere perseverancia. Tal vez no se vean frutos inmediatos.

Son personas que están de paso. “A veces no volvemos a verlas, pero eso no debe preocuparnos. Dios es soberano y siempre nos sorprende.

Debemos dejarnos guiar por el Espíritu Santo”.  Para terminar la charla Piero Marinoni confirma que “Italia es campo de misión. Aquí no hubo un avivamiento aún.

En Corea del Norte hay porcentualmente más cristianos que en Italia”.   Algunos están de paso, otros esperan alguna oportunidad.




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