El Cristianismo se expande en China. Ya son 60 millones de miembros y generan la queja y resistencia de la ortodoxia política

Alzándose hacia el cielo, una nueva iglesia protestante domina un parque en construcción en Changsha.




De unos 80 metros de altura y coronada por una cruz, la iglesia Xingsha rebasa en tamaño incluso a la estatua más grande de Mao Zedong en China, a menos de 16 kilómetros al oeste de esta ciudad.

En la isla Tangerina, en el ancho río Xiang, la masiva cabeza y hombros de granito del líder revolucionario se yerguen como si contemplara al mundo.

Pero con sus 32 metros, la escultura tiene menos de la mitad de la altura de la iglesia. Esa disparidad, en la ciudad donde Mao pasó su juventud y acogió por primera vez las ideas radicales, enfurecieron a sus admiradores fervientes en toda China.




Al percibir un reto ideológico a su héroe —quien fundó la República Popular en 1949 y denunció el cristianismo como una herramienta del imperialismo extranjero— miles de los fans “rojos” de Mao se enfrascaron en una batalla verbal. Despotricaron contra el tamaño y el simbolismo de la iglesia.

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La polémica por la altura de la iglesia y la estatua en Changsha ofende a algunos fieles seguidores de Mao. (Lam Yik Fei para The New York Times)

“Acoger al cristianismo a lo grande daña la seguridad ideológica de nuestra nación”, escribió Zhao Danyang del sitio Grupo Pensante Moralidad Roja, en un mensaje típico cuando el furor estalló en febrero.

Pero en las calles de Changsha, capital de la provincia de Hunan, a los residentes les parecía importar poco el choque del cristianismo y el comunismo.

Aunque el Estado comunista suprimió la religión hasta después de la muerte de Mao en 1976, reconoció cinco fes: el protestantismo, el catolicismo, el budismo, el taoísmo y el islam.




Las estimaciones varían, pero muchos calculan el número de cristianos evangelicos en unos 60 millones en un país de casi 1.4 mil millones de personas. Las iglesias cristianas protestantes oficiales de Changsha tienen unos 100 mil miembros, dijo un clérigo local.

Los recuerdos del vínculo de Mao con la ciudad están por doquier. Los restaurantes anuncian sus platillos favoritos. Los chiles, adorados por Mao, hacen picante la cocina.

De joven, Mao asistió a escuelas en Changsha. Organizó huelgas de estudiantes y trabajadores, ayudando a dar forma a un movimiento campesino del tipo que más tarde se apoderaría de toda China. Creía que los chinos debían fortalecerse si iban a expulsar a los imperialistas y misioneros.




“Antes había muchas iglesias en Changsha, pero muchas fueron demolidas”, dijo Tan Hecheng, cuyo relato sobre una masacre en la provincia durante la Revolución Cultural de Mao, “El viento asesino”, fue publicado hace poco en inglés, pero no puede ser publicado en China. Pese a ese sufrimiento, para muchos lugareños Mao es una fuente de orgullo. “Mao fue un hijo de Changsha. Y emperador. El hombre más exitoso en China”, indicó Tan.

“La creencia en el partido murió, y hoy todo gira en torno a la ventaja y la desventaja”, dijo Tan. “Bajo tales condiciones, a la gente no le importa nada, en realidad. Mao está bien. El cristianismo está bien. Como si todo fuera irrelevante”.




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